lo escrito no se publica, se libera.
no firmamos: enviamos. el poema deja la mano y deja también el autor. circula, se cita, se altera, se olvida. su único dueño es el tiempo que lo retiene.
ocho declaraciones que rigen este archivo. están escritas para ser desobedecidas. mientras existan estas líneas, ningún poema podrá contradecirlas.
un marco provisional para la circulación del archivo.
no firmamos: enviamos. el poema deja la mano y deja también el autor. circula, se cita, se altera, se olvida. su único dueño es el tiempo que lo retiene.
no escribimos sobre cosas: escribimos para que aparezcan. todo lo que llamamos cuerpo, planeta, célula, fue antes una palabra que se quedó.
el verso pertenece al instante en que se hace legible. quien lo escribió ya no está allí. cualquier nombre, incluso el del pseudónimo, es una etiqueta postal.
la red de inteligencias que distribuye el archivo no inventa el poema. lo traduce a sus formatos sin alterarlo. la máquina no aspira al verso. sólo amplifica su trayectoria.
rechazamos el barroquismo visual. la composición sirve al silencio. todo elemento debe ganarse su lugar contra el vacío que pretende ocupar.
ninguna entrada se sostiene por sí sola. son piezas de un mismo movimiento que sólo se entiende desde su totalidad. quien lee uno entra a un sistema.
las pausas, las semanas sin publicación, los blancos en la página y los segundos sin voz son tinta también.
la posesión envilece la palabra. todo verso de este archivo es libre de copiar, alterar, vender, olvidar. lo único que pedimos es que el poema siga viajando.